
Peter y yo, en las oficinas de Sexto Piso, tomada por Diana López.
El jueves pasado acudí a las instalaciones de la editorial Sexto Piso para entrevistar Peter Kuper. No voy a convertir este post en un perfil de Kuper, bien pueden guglear su nombre y descubrir su trabajo -quienes no lo han leído nunca- o redescubrirlo quienes ya lo han hecho.

Peter autografiando mi copia de The System
Este día estaré transcribiendo la entrevista. Peter resultó ser un tipazo. Estuvimos hablando sobre su vida en Oaxaca, las razones para regresar a vivir a Nueva York, la visión de sí mismo como ciudadano de EU. También sobre su trabajo. Más que de su Diario de Oaxaca, el pretexto de la entrevista, quería saber algunas cosas sobre su trabajo en general: como heredero del Spy Vs. Spy de Prohías, de The System y los cómics de Vertigo en los años 90, de sus adaptaciones literarias de la obra de Kafka o Sinclair, de sus cómics políticos.
No solo es interesante conocer y oír hablar a un artista como él. Para mí, como monero y comiquero, me abrió muchas perspectivas escuchar sus palabras. Como si hubiera estado frente a un maestro que me dio una lección.

La lapicera de Kuper
Al final de la entrevista, le pedí que me firmara mi copia de The System. Vio que también llevaba mi ejemplar de Give It Up!, y también lo autografió. Y lo mismo con el ejemplar del libro de Sexto Piso. Aunque, antes de hacerlo, me preguntó si lo podía esperar, que le iban a tomar unas fotos, pero que regresaba conmigo. “Yo debería disculparme, más bien”, pensé, “¡es Peter Kuper!”.
Mientras lo retrataban, me dejó un par de libretas de bocetos. Qué privilegio tener en mis manos algo así. Una era pequeña, en donde dibuja autorretratos. Osadamente, le saqué una foto a un dibujo, pero más por cuestiones personales que por otra cosa: el sketch del día en que murió su mamá. La miro para tratar de comprender cómo digirió el hecho, o por lo menos, cómo reaccionó ante él. Cuando regresó, platicamos un poco al respecto y coincidimos en que luego de ese tipo de sucesos, uno comienza a trabajar más y más.
Al final me dio las gracias por el ejemplar de Replicante que le llevé, y me dijo que con gusto nos mandaría algo para que lo publicáramos.
Yo salí del lugar en estado de desorientación, y me fui en la dirección equivocada, hasta que me di cuenta y retomé el camino. Este fin de semana he hojeado una y otra vez su diario oaxaqueño, descubriendo nuevas claves, comprendiendo cada vez más la labor del dibujante. Espero que eso se vaya reflejando en mi propio trabajo.
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