
Mi mamá y María José
Después de quince días en el hospital, con distintas afecciones que fueron complicando su salud, antier falleció mi mamá. Es algo muy difícil, pero la agonía es peor. Mi mamá, al final, ya no era ella. Había sufrido mucho y estuvo como siempre nos dijo que no quería terminar: conectada, sobreviviendo por medios artificiales.
Esta foto se la saqué en mayo, cuando mi bebé apenas había nacido. Da mucho coraje que apenas hace unos meses estuviera así -con todo y sus dolencias-, y que repentinamente hubiera terminado postrada, sin esperanzas y decayendo cada día. Inexplicable.
Ayer la cremamos y mi papá, mis hermanos y yo, la vimos por última vez. Claro, va a vivir entre nosotros por siempre, pero ya nunca voy a poder llamarle por teléfono y oír su voz, ni iremos a comprar cocteles de fruta al mercado de frente a su casa. ya no va a volver a cargar en sus brazos a mi hija. Ya no nos vamos a sentar a fumar cigarros mientras platicamos, ni a comer su deliciosa comida.
Mi mamá fue cocinera y trabajó para el ISSSTE. Llevaba semanas sintiéndose mal, pero sabía que si iba a consulta, la iban a retener y a hacer una diálisis. Ella ya no quería eso y se esperó hasta que ya no pudo con el dolor. No quiso que la llevaran al IMSS, sino al ISSSTE, y de todas maneras la internaron. Quiso el destino que en la sala de espera nos tocara sentarnos junto a los familiares de una señora que estaba en la cama de al lado de la de mi mamá. Resultó que la señora entró por los mismos síntomas que mi mamá. Idénticos. Y tampoco quiso que la llevaran sino al ISSSTE. Y que, como mi mamá, también fue cocinera en ese mismo hospital. Y que trabajó con ella.
Las dos estaban entubadas y conectadas a aparatos. Cuando nos avisaron que lo de mi mamá era cuestión de minutos, horas o días, sus familiares nos desaron lo mejor, nos abrazaron y todo eso. Después, mis hermanos ya no volvieron a verlos, así que pienso que quizá las dos se fueron el mismo día. Me alivia un poco pensar que a la mejor mi mamá se fue acompañada. ¿A dónde? No sé. No sé a dónde se fue. No sé si existe Dios, no sé si existe el espíritu o el alma de las personas. Pero me gusta pensar que no se haya ido sola.
El martes, desde temprano, se había metido a la cocina una de esas horribles mariposas negras. Cuando una se metía en casa de mi mamá, ella o mi papá le daban escobazos y luego la quemaban, porque “eran de mala suerte” o “de mal agüero”. Y esa mariposa estuvo ahí, parada en la pared, todo el día. Luego, fui al parque a pasear a mis perras y de regreso, en un puesto de discos, sonaba “Urge”, una canción bien triste que le gustaba a mi mamá. Ahora creo que mi mamá me estaba avisando que ya se iba.
Hoy es el primer día oficial sin ella. Ahora sus cenizas están metidas en una urna. Ya no existe su cuerpo, ni su cara, ni sus manos -sus manos me encantaban, eran manos de mamá-, y ya no me va a llenar la cara de crema, como cuando iba a la primaria, ni me va a agarrar para cruzar la calle, ni va a cocinar o a encender uno de sus cigarros.
Adiós mamá, te extraño mucho. Cuídanos y disfruta tu nueva vida. Espero que ya no tengas tanta tristeza como la que sentías viviendo aquí. Te amo mucho.
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